viernes, 12 de noviembre de 2010

Leyenda

Peñas de Mora:Cuenta la leyenda que en un duro invierno en el tiempo de la reconquista en la que, aqui en Aragón, ya vivían las tres religiones en paz. En las afueras de un pequeño pueblo de esta comarca vivian un matrimonio con su hija, la familia era árabe, les gustaba vivir por el monte, ellos iban y venian del pueblo al monte cada vez que necesitaba comida, herramientas o hacer cualquier tipo de negacio.
En esto un joven noble español encargado de la caballeria de una parte de las tropas que iban a reconquistar Granada se estaba alojando en uno de las posadas del pueblo junto con parte de sus soldados, ya que otros se habían quedado en la ciudad, estos iban de avanzadilla hasta que todos los grupos retrasados llegasen para marcharse todos a la vez. El joven capitán se aburría en el pueblo y decidio irse a explorar el monte cercano a este ya que desde siempre había sido muy curioso.
Mientras caminaba por el monte se encontró con un rebaño de ovejas, pero no encontraba al pastor, siguió mirando por los alrededores y buscando con la vista a dicho sujeto que no aparecía; al cabo de un rato encontro a una bella mujer tumbada en un árbol con los canellos negros como la noche, una tez morena y con na figura muy bien definida, parecía estar dormida y él decidio acercarse un poco mas para averiguar que estaba haciendo allí en esto que cuando es estuvo a tan solo unos metros la muchacha se despertó.
-¿Quién eres?- pregunó ella.
-Mi nombre es Ricardo- le dijo este- capitán de una parte del ejercito de caballizas de su majestad, ¿Y tu quién eres?
-Yo soy la hija de un humilde pastor que vive en estos montes- dijo ella mierntras se levantaba- y mi nombre es azahara.
Ricardo se quedo maravillado con la voz de esa muchcha era como oir el canto mas hermoso de los pájaros.
"En verdad es una mujer exótica", pensó este, " Débe de ser de familia árabe".
-Dime, ¿Qué hace una muchacha  como tú aqui?
-Estoy sustituyendo ami padre que se a puesto enfermo.
-Entiendo.
Así continuaron charlando hasta que se hizo de noche y tuvieron que volver. Los días pasaban y cada día se encontraban en el mismo árbol. Azahara había convencido su padre para que la dejase hacerse cargo del rebaño mientras que el se encargaba de hacer otras cosas menos cansadas.
Un un día por la mañana Ricardo dijo:
-Hoy lo voy a hacer; hoy se lo diré.
-¿El qué va ha hacer mi señor?-preguntó su sirviente.
-Hoy le diré a Azahara que la amo y que se venga a vivir conmigo-le respondió.
El sirviente le deso mucha suerte a su amo y le dijo que no se preocupara que todo saldría bien.
Como todos los días se encontraron debajo de aquel árbol y Ricardo le declaró su amor y esta le correspondió ilusionada ya que pensaba que nunva se lo iba a decir, pero de repente un improvisto le vino ala mente y se echó a llorar.
-¿Por qué lloras?-dijo Ricardo.
-Porque mi padre nunca lo permitirá, dijo que si me casaba sería con alguien que eligiera él y con la misma religión que la mía.-dijo esta llorando desconsoladamente.
Este la abrazó y le dijo:
-No te preocupes. Quedamos aquía a media noche y te vendrás conmigo ya que mañana parte el ejercito hacia la guerra pero a tí te llevare a mi hogar. Quedaron en eso y cada uno se fue por su lado, él le encargó a su segundo al mando que si no volvía él por la mañana que tomara eñ mando y partiera hacia Granada.
Mientras que Azahara le contaba todo lo ocurrido a su madre, incluido lo que tenia pensado hacer esa noche.
-Hija mía, que de esto no se enetere tu padre sino te matará.
Demasiado tarde, su padre ya estaba cuchillo en mano camino de donde se encontraba Ricardo.
La hora llegó y Azahara esperaba y esperaba, pasó una dos tres horas y su amado no llegaba se le partió el corazón. Ella siguió esperando y esperando al los pocos días su padre desesperado buscndola se l aencontró en ese árbol sentada, donde había compartido todos aquellos momentos desde que se conocieron hasta el último día que se vieron, pero había algo raro en ella, estaba muy palida y no se movía, estaba muerta, si se había congelado al estar esperando en las frías noches de invierno. Ese mismo día la enterraron al lodo de la tumba del general Ricardo, por petición de la madre y el pade tras convencer a este útimo, que había aparecido inexplicablemente apuñalado por la espalda con un cucjillo.
Desde entonces se dice que en ese monte, el cual ahora se llama Peñas de Mora, todas las medias noches se aparece una mujer con los cabellos negros como la noche y una voz melodiosa, siempre en el mismo árbol cantando una cancion de amor a su amado en el árbol donde se vieron por ultima vez.

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